20091223

Infecto

Jueves en la noche, frío inusual. Recién ingreso al PidGin y el mensajero destaca una conversación destellando en el lado superior derecho de la pantalla. Es "G".

Cuando un amigo se va: Buenas noches! Cómo te va!

Yo: Bien, que dice el soconusco.

Cuando un amigo se va: Ya sabes, llueve y el calor se pone peor.

Yo: Ah, que joda, acá con el frío no da ganas de nada. Y qué milagros que te conectas?

Cuando un amigo se va: Es que ando preocupado...

Yo: Vos preocupado? A chingá, contame.

Cuando un amigo se va: Sí, ya sé que piensas que mi vida es un desmadre pero nel, estoy preocupado porque me enteré que un amigo mío, ex compañero del trabajo, murió de sida.

Yo: Caray que pena... y era muy amigo tuyo?

Cuando un amigo se va: Pues fue un buen compañero de trabajo, cuando compartíamos la oficina de diseño, era buena onda.

Yo: Pues una pena que falleció, imagino que era joven.

Cuando un amigo se va: Sí, era más joven que yo, andaba en los veintitantos.

Yo: Y puedo saber cual es tu preocupación?

Cuando un amigo se va: Pues eso, de lo que murió, pobre...

Yo: No te entiendo. Ya está muerto, se supone que está en un lugar mejor, tranquilo, deberías de estar tranqulio tú también, por eso no te agarro la onda por la preocupación.

Cuando un amigo se va: Eso cabrón! que murió de sida...

Yo: Disculpa que te pregunte pero... te lo chingaste vos a él o él te cogió a vos! jajajajaja.

Cuando un amigo se va: No mames wey, que te pasa, no soy mampo!

Yo: Pues entonces no sé porqué tanta preocupación!

Cuando un amigo se va: Me preocupa que sufrió mucho, el pobre, he visto como mueren los que están infectados y está jodido.

Yo: Aún así no me explico tu preocupación... ya la neta, dime, te lo atoraste o te atoró! jajaja.

Cuando un amigo se va: Vete a la chingada!

Yo: Pues wey, no me acabas de decir cual es tu pinche preocupación!

Cuando un amigo se va: Ya crece cabrón!

Yo: No te esponjes, Bob, para empezar vos me escribiste. y solito te estás despepitando, a mi qué me dices!

Cuando un amigo se va: Es tu pedo si no eres capaz de entender mi sentir.

Yo: Aliviánate! Cambiemos de tema. Vas a cenar esta navidad con tu familia o te vas a ir de viaje?

Cuando un amigo se va: Pensaba viajar al DF, pero me he sentido mal del estómago, aparte tengo calambres musculares, de la chingada.

Yo: No mames, ya entendí, eso es lo que te preocupa. Tu salud... y crees que son síntomas de un enfermo de sida, cierto?

Cuando un amigo se va: No...

Yo: Sí!

Cuando un amigo se va: Deja de chingarme.

Yo: Pinche compadre, te lo atoraste o te atoró!!!

Cuando un amigo se va: Nada de eso, soy hipocondríaco.

Yo: Ajá!

Cuando un amigo se va: Mejor ahí muere, que tengas felices fiestas.

Alba

Mientras Paco lamentaba no tener dinero para viajar a la ciudad de México, al concierto de Radiohead, yo, nervioso, checaba cada segundo la puerta del salón de económicos, esperando a mi amor platónico. Qué demonios me interesaba si el Foro Sol tenía diferentes entradas, y que caminar hasta el escenario principal era como ir de la Plaza Central hasta el estadio de fútbol. Mi interés estaba en Alba. Paco insistía, argumentaba que a pesar de ser rock alternativo, sonaba chingón. Que los boletos ya los tenía apalabrados con un compa, amigo de otro amigo, y que no había pedo. Fue entonces que le dije, ante tanta insistencia, que si Alba iba con nosotros, igual y pagaba el viaje, en camión de tercera, claro está. Paco me miró serio, respiró de un jalón y me dijo, ya vas puto, palabra de hombre, un día antes del viaje tenemos a tu obsesión con nosotros. Quise aclararle que no era ninguna obsesión, pero él había salido de prisa con rumbo a quién sabe dónde. Sin más creí en la promesa de Paco, mi amigo de la infancia.

Días después Paco tocó la puerta de mi casa. Cuando abrí lo hallé con el pecho inflado y cara de supermamón. Voy por los boletos o que pedo, pinche colocho, salimos hoy por la noche. Lo miré un instante y luego pregunté por lo pactado días atrás. Pinche colocho, como crees que te voy a fallar. Alba te espera hoy en su casa. No llegues tarde. Noté una sonrisa malvada. Hoy mismo viajamos a la capital, apunté con desconfianza. Si wey, pero ella quiere que la vayas a "recoger", tu sabes. Le dí el dinero para los boletos y horas después estaba frente a la casa de Alba. Toqué el timbre, y noté que las manos me sudaban. Alba en persona abrió para recibirme con cara de asombro. Hola, que te trae por acá. De inmediato comprendí. PInche Paco, me había burlado de nuevo. Para redondear mi bochorno, pregunté, ¿no te avisó Paco? El silencio fue la mejor respuesta, Giré sobre mis talones y me marché a casa. ¿El concierto? No, gracias, necesitaba tiempo para encontrar la mejor manera de asesinar a Paco, mi amigo de la infancia.

20091216

La otra orilla

La luz del candil se filtró por un resquicio de la ventana, iluminando la sucia cortina. Y en ese diminuto resplandor los ojos de Alma se conectan sin prisa, desvaneciendo sobre el retazo de tela imágenes de días vividos, de presencias y ausencias a lo largo de una vida nómada por puro capricho, negándose el sentido gregario de su naturaleza.

De las presencias, varias, queridas y no. Igual el entrañable amor a sus padres, agradecida por la oportunidad de vivir y compartir junto a ellos y sus hermanos la vida, el equilibrio, pero sobre todo el amor. También de su libro preferido, del afiche y la música predilecta y del cielo que noche tras noche deleitaba sus pupilas, cuando pernoctaba después de largas caminatas en su errante destino, mochila a la espalda. Cielo donde el tiempo puede igual tardar un segundo o millones de años.

De las ausencias, muchas, como la de su hermana, su guía e inspiración; su bruja blanca. De la cama cálida, la sopa caliente y los amigos. La habitación familiar pero sobre todo el espejo. Su reflejo de cabo a rabo, de ida y vuelta; la otra orilla. Porque no encuentra mejor analogía que la vida como un río, donde impera -como en todos los demás signos- la dualidad, el estar y el ir. Un río con dos orillas, ella y su espejo; su gemela del horror.

De la cruza de ambas las burbujas frágiles, la música de fondo con olor a mar, a bosques y cuadros del más puro impresionismo. Noches de Luna llena y las ganas palpitándo entre las piernas. No se cansará de ser ella y la otra, posee y abandona, vuelve a levantar y tirar de nuevo para recoger después lo que considera necesario; nada más. La vida es un río con dos orillas, y apunta el timón de un lado a otro, sin rumbo fijo. Parpadea y un leve movimiento de la cortina termina por cerrarle los ojos, y entonces se duerme, y se deja llevar por algún recuerdo. A más de uno le ha dicho que es feliz como vive, y jura que no miente ni mentirá jamás.

20091215

Perfecto asesino

Madrugada del 12 de diciembre. Televisor repleto de mañanitas acá y allá. Cambio de canal y aparece una mujer de aproximados setenta años. Se mira frente a un espejo y se maquilla con parsimonia. Le cuelga la piel pero la mirada es torva, aguda, filosa. Cambia la escena a una calle concurrida. Ahí un hombre de considerable corpulencia mira aparadores. Supongo que es un bazar. No sé más porque he llegado a la película hace un minuto. El hombre se ajusta la gabardina. Parece que en esa ciudad de la cual ignoro el nombre, hace demasiado frío. Enciende un cigarro y al guardar la cajetilla aparece la cacha de una pistola. Vuelta a la escena del espejo. La anciana mujer se ajusta un gorro de estambre y se envuelve el cuello con una gruesa bufanda. Da una última mirada al espejo y destacan de nuevo los ojos afilados. Luego camina con dificultad hasta las escaleras, baja un par de pisos y aborda un taxi. Una mujer con el andar propio de alguien de su edad. En el interior se repite la fría mirada en el retrovisor. Se detiene el auto y baja frente a la tienda donde hace unos minutos estaba el corpulento hombre, el mismo que da una última bocanada a su cigarro para arrojarlo al suelo y apagarlo con fastidio. Intento adivinar: El hombre asesinará a la anciana, y esta no tiene idea de su pronto destino. Y en eso cavilo cuando la cámara se coloca atrás del hombre y al fondo, la silueta de la anciana avanza con paso decidido. Ya no camina vacilante, las coyunturas funcionan perfecto. El hombre se alza la manga de la gabardina para ver su brillante reloj, y es en ese momento cuando la anciana le perfora el craneo desde el cerebelo hasta el ojo izquierdo. El hombre tiembla unos segundos y luego afloja el cuerpo. La anciana no detiene el paso, dejando la estocada firme, segura. Nadie notó nada en un principio, pero al caer el cuerpo, un grito agudo hace notar la desgracia. La anciana recupera de a poco el paso reumático, hasta parece que se ha vuelto más pequeña. Voltea con grandes esfuerzos y con expresión de espanto se cubre la boca. Sólo es el remedo, porque en su mirada la muerte salta de gusto. Se ajusta el gorro de estambre y reinicia su trabajoso andar, libre de cualquier sospecha.

20091204

GRACIAS

Quien no sabe ser agradecido, es una gran mierda apestosa, decía un conocido entre tragos. Hoy agradezco estas lineas.

...de la misma manera hay un señor llamado Hugo Montaño, quien presume de ser “intelectual” y “leído”, pues al parecer ya se le olvidó cuando llegó en el 2007 otro personaje que creyó ser su amigo, William Ordóñez, que se le arrodillaron pidiendo clemencia y este, los mandó al carajo y de rebeldía, se pasaba horas o sea todo el día jugando ajedrez, que por cierto de coraje le ofreció sus golpes al señor William, pues este personaje (Hugo Montaño) como ven, no ha aportado nada a la Cultura, ni a Coneculta, a pesar de ser “intelectual”, ¡no señor hay que trabajar y demostrar que la persona sabe!, ¡no te quedes abriendo la boca, burlándote de la gente y perdiendo el tiempo mirando a tu tía que la tienes en frente durmiendo!; recuerdas como conseguías facturas para las tranzas que hacían con el director que estuvo en Promoción en el 2008 ó ya se te olvidó, a puesto que no lo sabían verdad?. Ah pero este cuate es muy dedicado y bueno para criticar y también es bueno para solapar a su gente inepta e inútil
...

Los intelectuales: Rockdrigo Gonzáles



20091125

Sara

Hace años de aquel 4 de abril de 1985, en San José de Costa Rica. Esa tarde Sara veía desde el balcón estacionarse un Mercedes Benz. Era Rafael, su amante, quien bajó dando órdenes a guardias armados hasta los dientes. Ella lo imaginaba una estrella de cine, con su camisa blanca, desabotonada, pantalón del mismo color y zapatos en tono vino, sin calcetines. De vez en vez extrañaba las notas de sociales, las noches de discoteca y las fiestas registradas por el flash de las cámaras, que prometían una portada en el diario de mayor circulación en Jalisco.

Pero esa tarde se acercaba el cierre de un destino atípico. Su padre, hermano de un poderoso hombre de la política mexicana, consideraba intolerable su salida de México. No bastaron los regalos en dinero y especie entregados por Rafael a cambio del amor de Sara. Quizá sirvieron mientras estuvo en Jalisco, viviendo a ratos en Atequiza -un secreto a voces- pero fuera de ahí era otra cosa. Y denuncia el secuestro
.

Sara tenía 17 años y llevaba meses siendo la amante de Rafael, a quien muchos comparaban con Chucho El Roto, aunque para otros sólo fuera un asesino y mariguanero. Sara, lujos aparte, admiraba la fogosidad, el temperamento excesivamente sexual de Rafael. No por nada lo apodan El Búfalo. Sara -jovencita de costumbres- nunca dejó de comunicarse por teléfono con su familia, ya fuera en Jalisco o en el extranjero. Y esa debilidad delató su ubicación. Lo hallaron acostado en su cama junto a Sara, esta responde cuando le preguntan su nombre, y luego revela el de su amante: Rafael Caro Quintero. Él no se aguanta las ganas y le dice puta, y su ronca voz estalla en el rostro de Sara, quien lo mira con ojos recriminatorios; demasiado joven para un claustro. Los agentes costarricenses, sin saberlo, habían atrapado al narcotraficante más buscado por los Estados Unidos de México y América.

24 años después, Quintero corre en círculos por el patio de la prisión. Intenta mantenerse en forma. Sufre colitis aguda y la medicina en la cárcel es dudosa. No pierde la esperanza de un día ser libre para irse a Atequiza. Ahí, con todo el tiempo del mundo, escribirá una larga carta a Sara, quien desde hace mucho es figura en las páginas centrales de Gente Bien.

rola: Rafael Caro Quintero / Los Invasores de Nuevo León


20091123

El Fantasma que camina

Transcurría el año de mil novecientos noventa y tantos. La cuadra mantenía sus reglas y por la tarde, luego de furiosos partidos en el estacionamiento de la colonia, los mayores descansábamos bajo la sombra de algún almendro -cheves en mano- para dejar libre "la cancha" a las "fuerzas básicas", chiquillos de la cuadra que jugaban buscando emular la última genialidad elaborada por Manueloco, Toñuelo, La Hormiga o el Zopi. Este último con un hermano fan hasta los huesos de los super heroes.

Una tarde, luego de una batalla épica entre el equipo de la cuadra y unos fuereños, dejamos el campo libre a los párvulos, quienes con ímpetu comenzaron la refriega; combativos. Entre los ires y venires del balón, este quedó atorado en un ángulo del alumbrado público.

- ¡Hey! -gritó el hermano del Zopi a donde estábamos- ¿Nos bajen la pelota?
- Nel, contestó uno del grupo, bájenlo ustedes a pedradas.
- ¡Vamos a romper algún vidrio! ¡Anden, no sean! -rogó otro niño.
- Nel, bájenlo ustedes... y no estén chingando -remató el Zopi.

Seguimos bebiendo, entre risas. De pronto, el hermano del Zopi caminó con decisión hasta nosotros. Respiró profundo para luego gritar al cielo: ¡Solicito la fuerza de diez tigres! Al terminar el grito, se sacudió una, dos, tres veces y no se detuvo hasta completar diez convulsiones. Bajó la vista hasta nosotros, y vimos la decisión en su mirada. Giró y emprendió la carrera hasta el poste donde la pelota se hallaba atorada. Sin detenerse escaló hasta llegar al balón, y de un manotazo lo hizo caer. Luego se deslizó cual si fuera un experto bombero. Una vez en el piso, volteó a vernos de a uno por uno, quienes nos encontrábamos con la boca abierta. Se talló los brazos raspados y dijo con voz serena: Soy el fantasma que camina.

Diente de hacha, famoso por fallar goles cantados, volteó para decir al resto del grupo: ¡Imagínense lo que haría si pidiera la fuerza de diez maradonas!