Una nueva aventura, padrino, y no por eso menos inquietante, con el aderezo de esa eterna dualidad vida-muerte. Y aunque esta sección debiera iniciar hablando de libros, te advierto tratará también sobre Cómo se pasa la vida, en un personal homenaje a Ricardo Garibay, quien sostenía que en México debían escribir hasta los perros, porque de la cantidad saldría la calidad; no de otra manera. Pero… ¿En México no hay lectores? ¿No hay escritores? ¿No hay espacios para publicar? ¿No hay historias nuevas bajo el Sol? Bien sabes, padrino, que los libros y sus lectores se encuentran por doquier, así que hoy te hablaré de un lector.
Óscar El Furibundo viajó el lunes 11 de marzo de 2013 al Mar del Universo, y si es cierto lo imaginado, ahora esta danzando junto a mis afectos más queridos. Te confieso, padrino, que heredé del “Furi”, además del hábito a la lectura, el gusto por la fotografía, la música de Santana, el dibujo a lápiz y un secreto amor por la UNAM, amor que nació sin ningún pudor en la Facultad de Ingeniería, donde se graduó en Geología.
La astronomía también fue parte de su alma inquieta, y me atrevo a decir que son pocos quienes saben de su destreza con la pintura al óleo. Fue él quien llevó a casa de los abuelos la colección de libros LIFE, destacando una edición especial sobre las misiones Apolo y el viaje a la Luna. Así me acerqué a los libros allá, en Tierra y Libertad, el pueblo más bonito del mundo, aunque el resto del mundo diga lo opuesto.
Alejandro Jodorowsky afirma no hay mejor maestro que una enfermedad, y hoy reafirmo esa sentencia. Óscar deja cientos de buenos ejemplos, aunque habrá quienes se confundirán y creerán que no, que se equivocó en este asunto del cómo se pasa la vida, hasta evadirse de él mismo. No es así. Óscar, el hijo más pequeño de mis abuelos, el hermano más querido anda allá, en el Mar del Universo, reafirmando lo intuido desde joven entre pinceles, en los rollos fotográficos de su Minolta, capturando los paisajes más hermosos de Chiapas.
Ya lo dice, y muy bien, Gabriel Zaid: ¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace físicamente más reales.
Hasta pronto, Óscar... mi furibundo.





