Voalá!

miércoles, 13 de marzo de 2013

Óscar El Furibundo


Una nueva aventura, padrino, y no por eso menos inquietante, con el aderezo de esa eterna dualidad vida-muerte. Y aunque esta sección debiera iniciar hablando de libros, te advierto tratará también sobre Cómo se pasa la vida, en un personal homenaje a Ricardo Garibay, quien sostenía que en México debían escribir hasta los perros, porque de la cantidad saldría la calidad; no de otra manera. Pero… ¿En México no hay lectores? ¿No hay escritores? ¿No hay espacios para publicar? ¿No hay historias nuevas bajo el Sol? Bien sabes, padrino, que los libros y sus lectores se encuentran por doquier, así que hoy te hablaré de un lector.

Óscar El Furibundo viajó el lunes 11 de marzo de 2013 al Mar del Universo, y si es cierto lo imaginado, ahora esta danzando junto a mis afectos más queridos. Te confieso, padrino, que heredé del “Furi”, además del hábito a la lectura, el gusto por la fotografía, la música de Santana, el dibujo a lápiz y un secreto amor por la UNAM, amor que nació sin ningún pudor en la Facultad de Ingeniería, donde se graduó en Geología. 

La astronomía también fue parte de su alma inquieta, y me atrevo a decir que son pocos quienes saben de su destreza con la pintura al óleo. Fue él quien llevó a casa de los abuelos la colección de libros LIFE, destacando una edición especial sobre las misiones Apolo y el viaje a la Luna. Así me acerqué a los libros allá, en Tierra y Libertad, el pueblo más bonito del mundo, aunque el resto del mundo diga lo opuesto.

Alejandro Jodorowsky afirma no hay mejor maestro que una enfermedad, y hoy reafirmo esa sentencia. Óscar deja cientos de buenos ejemplos, aunque habrá quienes se confundirán y creerán que no, que se equivocó en este asunto del cómo se pasa la vida, hasta evadirse de él mismo. No es así. Óscar, el hijo más pequeño de mis abuelos, el hermano más querido anda allá, en el Mar del Universo, reafirmando lo intuido desde joven entre pinceles, en los rollos fotográficos de su Minolta, capturando los paisajes más hermosos de Chiapas.

Ya lo dice, y muy bien, Gabriel Zaid: ¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace físicamente más reales.

Hasta pronto, Óscar... mi furibundo.

viernes, 8 de febrero de 2013

Encuentros cercanos

... This is the end... Beautiful friend... / The Doors



para el Fede, por mejores mundos...


Viene a mi memoria la madrugada aquella, cuando, agarrado de la malla ciclónica junto al Horse, el Pollo y Cyborg, trataba de mirar el escenario donde días atrás el Papa Juan Pablo II diera misa a un “Chiapas Siempre Fiel”, en nueva tierra santa: el Pompushuti. Detrás nuestro estaban unos seres amorfos, enanos casi, portando lanza dardos parecidos a escopetas, que adiviné al oír cuando cortaban cartucho.

-¡Ya se los cargó la verga, cabrones!- gritaban en un lenguaje parecido al nuestro, supuse, para comunicarse mejor con nosotros, y así esta suerte de Invasión de los Mundos, fuera menos traumática para la chiapanecada.

-¡Hasta que los agarramos, cabrones! ¡Ustedes son los asalta taxis!

A pesar de lo lejano del escenario, pude ver el reflejo de las coloridas luces contra la tarima, acompañadas de ruidos igual a coches viejos, escandalosos. No pude evitar la curiosidad por ver las naves. ¿Serían como las de Star Wars? ¿Las de Spilberg en aquel legendario peliculón sobre contacto extraterrestre? Lo que vi me dejó estupefacto. Tsurus maltrechos y vochos sacados de lo más profundo de algún deshuesadero. ¡Qué poca imaginación la de estos alienígenas! Para camuflaje, estaban muy chafas… ahí me di cuenta de los varios lanza dardos azules en forma de escopetas de cañón recortado. 

-¡Que miras, cabrón! –me dijo un extraterrestre zotaco, a punto de darme en la cara con su remedo de escopeta.

Volví la mirada hasta el escenario. Horse no dejaba de llorar,  balbuceaba no sé qué cosas. Deduje, por la cantidad de luces reflejadas en el escenario, que la invasión estaba en curso. ¿Qué harán con nosotros?. Pensé en los terribles experimentos: agujas bajo los párpados, estiletes penetrando nuestra dermis, trepanaciones sin anestesia. Quise entender al Horse y su angustia, tal vez porque nunca había realizado un viaje intergaláctico que no fuera con caguamas, anclado a los apulismados requintos de Ritchie Zambora. 

Cyborg, el único con cierta ventaja sobre los extraños seres, estaba también contra la malla ciclónica, puteando al Horse y volteando a ver a los diminutos seres, quienes no dejaban de vociferar pero ahora con un lenguaje chillón, igual a delfines enardecidos. Los ojos de Cyborg eran dos filosos cuchillos cortando la oscuridad hasta los pequeños bultos extraterrestres quienes, necios, nos seguían amenazando con los lanza dardos. La tensión llegó al máximo:  el Horse a punto del colapso nervioso; yo, resignado a ser abducido; y Cyborg, alistando sus armas para la batalla, la cual se vislumbraba memorable; lo aseguro porque él me lo dijo en un breve lapso de la invasión; y el Pollo… el Pollo….

De pronto el ruido se detuvo. Un breve cuchicheo entre el Pollo y uno de los alienígenas estaba en curso. El buen Pollo había decidido sacrificarse por nosotros. El diálogo fue intenso y, luego de varias mentadas de madre, las naves disfrazadas de autos viejos se marcharon igual como llegaron. De los cuatro solo quedábamos tres: Horse, Cyborg y yo. El Pollo había decidido partir a otras galaxias, inmolándose por nosotros.

Cada vez que revivo esta historia, lo hago frente a la tierra santa del Pompushuti, que en 1991 nos llevó a vivir este encuentro cercano del tercer tipo. Más de veinte años han transcurrido y no sé nada del Pollo. De Horse y Cyborg algó sé, y cuando hemos coincidido, ninguno habla del tema. Creí que en este Fin del Mundo anunciado por los televisores  estaría comandado por el Pollo y unos miles de mayas alienígenas, pero no fue así. De la tierra santa solo queda un pequeño terreno, rodeado de centros comerciales que nada saben de esa invasión frustrada, que hubiera cambiado el destino del planeta Tierra.

lunes, 28 de enero de 2013

Mea Culpa



“¿Sangres puras? No existen, mi buen”, aseveró el Flaco, mientras bebíamos bacacho cerca de la  Colina Universitaria. Era el año de 1993, año también de escasas monedas en los bolsillos. Cuando el dinero aparecía, lo gastábamos bebiendo jarras de cerveza en Yardas.

Una tarde de ese mismo año, mientras caminábamos rumbo a Caña Hueca, fue inevitable ver los trabajos de aplanado de lo que sería la construcción de una mega tienda: Sam's, secundado por  McDonald's, el pollo frito del general Sanders y lo que se le acumulara. Era el progreso, decían algunos vecinos. Nosotros coincidíamos en que era una tragedia, porque si bien no había una cantidad abundante de dinero en nuestros bolsillos, con unas pocas monedas podíamos comer empanadas de papa, frijol y molida, saciando el hambre del momento. "¡Jamás comeré un gramo de la mierda que ahí vendan!", dijo el Flaco; Pablo y yo nos sumamos a la promesa, sellando después lo dicho con jarras de cerveza.

Veinte años después ahí estoy, haciendo fila intentando conseguir un juguete para MiniMi, quien desconoce de la promesa hecha unos metros atrás, en pleno bulevar. Miro con genuino asombro el lugar; desde su construcción no he entrado ni por morbo. Hoy es el día y lo acepto con disciplina, aunque comienza  a molestarme el lento avance de la fila. Pongo atención en la persona delante mio, quien hace gala de su conocimiento del código fast food. Discute un diminuta bolsa de papas, luego un refresco, cambia una charola, devuelve un sobre de algo, salsa, adivino, porque no es chimichurri. “Mis huevos”, pienso, veo el tablero de arriba y todo me parece igual. Bajo la mirada y pregunto a mi MiniMi qué quiere. “Linterna Verde”, responde. “¿Y de comer?”, insisto. MiniMi pone cara de fastidio, decido entonces no incomodarlo. Una señorita malhumorada me saca del apuro. “¿Qué va a ordenar?” Me sincero: “No quiero nada más que a Linterna Verde”. Me explica debo adquirir un paquete. Pido el más económico: “Una Cajita Feliz”, refresco, papas y cuatro nuggets. “¿Y mi muñeco?” remata desde abajo mi hijo. La señorita saca dos juguetes: un anillo y un monigote. MiniMi es determinado: monigote.

Sentados en la diminuta mesa, MiniMi trata de mover el muñeco igual al aparecido en la tele. Amaga con hacerme un reclamo pero se aguanta. Trata de explotar al máximo el mecanismo que hace mover una garra incorporada a un personaje parecido a un jabalí. Pienso entonces en el Flaco, en la promesa hecha veinte años atrás, luego veo la Cajita Feliz, que de feliz no tiene ni madres. 

De pronto me siento ansioso, “¿a qué sabrá esta chingadera?”. Me aplico la ley de nadie experimenta en cabeza ajena, entonces, sin más, abro la caja meto la mano y saco lo primero que encuentro. Una diminuta tira que sabe a papa, aunque no frita. Una papa aguada. Hurgando en el fondo, una envoltura con algo parecido a una torta de papa, un nugget, que muerdo sin hallar un sabor distinto. Pienso de nuevo en el Flaco, en la promesa ahora rota. Luego de veinte años la grasa y condimentos de McDonald's circulan por mis venas y no hay una jarra de cerveza para limpiar mi culpa. Busco agua para terminar de tragar el bocado pero MiniMi ha dejado puros hielos. “Una tecate me vendría bien”, pienso. A esas alturas, el monigote ha perdido su encanto, va colgado de la mano de MiniMi quien lo golpea en cuanta protuberancia encuentra, buscando de alguna manera hacerle pagar su falta de dinamismo, su estatismo contra lo anunciado en la tele. Pienso en Linterna Verde, en los golpes que ahora recibe. A punto de reprender a MiniMi me detengo, entonces decido, en secreto, expiar mi culpa en Linterna Verde.

viernes, 25 de enero de 2013

Qué aburrido hubiera sido ser feliz

www.flickriver.com



A Marguerite Yourcenar

Abre y cierra los párpados pero ni así desaparecen los insectos que caminan sobre sus ojos. No se sorprende del resultado. Antes pensó se encontraba bajo el acecho de alguien al ver por el rabillo del ojo sombras fugaces, desapareciendo apenas trataba de sorprenderlos por derecha e izquierda. Sombras que luego de los primeros atisbos, se transformaron en diminutos alebrijes caminando  bajo sus párpados, sobre los ojos, transitando libres hacia alguna parte sin atinar a descubrir cuándo  aparecieron, dónde se alojan y qué realizan. 

Tal vez comenzó aquella tarde cuando, de un manotazo, derribó una enorme cucaracha de brillante lomo, que agonizó frente a ella quedando inmóvil. En un tiempo incalculable sendas hormigas levantaron a la de brillante lomo, iniciando el arrastre vertical digno de una gesta homérica, hasta alcanzar el techo en un prodigio molecular, avanzando como si el cielo fuera el suelo, a un ritmo constante, para después ser vencidos por la única Ley, indomable. Entonces de vuelta, con brío, triturando entre sus mandíbulas las extremidades hasta la oscura dermis. De nuevo al tránsito vertical y al necio prodigio molecular sobre el cielo, repitiendo el acto hasta estrellarse contra el suelo. Una y otra vez, en un tiempo sin tiempo, la necia angustia de ella mirando, aprendiendo, siendo testigo de una milimétrica labor de desmenuce del pequeño cuerpo, que alcanzó a mover una extremidad intacta, luego las antenas reviviendo frenéticas, enardeciendo a los himenópteros. 

Pero hoy, antes de que se oculte el Sol, ese recuerdo la angustia, y aun cuando no siente las reducidas extremidades caminando sobre sus ojos, los ve, los sabe, y ha descubierto que sólo en la oscuridad no los distingue.  Entonces, decidida, prepara la afilada navaja, se atraganta de saliva calculando la fuerza y la velocidad para un corte eficiente de las cuencas. No será la primera ni la última en sacarse los ojos. Palpa la zona, ahí donde las hormigas consumen la oscuridad, aumentando en número yendo de un lado a otro del globo ocular. Sonríe. Demostrará a Grace que está equivocada. Introduce la navaja y atraviesa el párpado derecho, luego empuja el brillante metal hasta la empuñadura  Gira la afilada hoja, atragantándose con la saliva espesa de hormigas, luego las bocas masticadoras, chupando, lamiendo sus extremidades mientras la devoran. 

miércoles, 16 de enero de 2013

¿Radiombligo ya no suena? ¡A chingá!



Radiombligo al gobernador de Chiapas, Manuel Velasco
Señor, permítame contarle una historia:

Hace muchos años en un pueblito de Chiapas no había televisiones, sólo radios. Mi padre tenía un radio de onda corta que captaba estaciones de la Ciudad de México, Estados Unidos y Europa. Así aprendió canciones en francés “je t´atandraismonamour…”  Mientras mis hermanos traveseaban, yo escuchaba a mi padre cantar al tiempo que mi mamá tendía la ropa en el gran patio de la casa bonita que teníamos.
Pero no había escuela secundaria en el pueblo y tuvimos que irnos todos a México. Dejamos río, papalotes, trompos, canicas, gallinas. Y nuestro amado radio. Así llegó el frío y comenzó la nostalgia.

El descubrimiento
Años despuéshubo un hecho mágico: descubrí una estación que transmitía no sólo canciones en idiomas extranjeros, también música de los pueblos de México;  música clásica, rock, jazz, son huasteco; entrevistas interesantísimas y, por si fuera poco, un programa maravilloso: De puntitas,  que conducía deliciosamente Emilio Ebergengy. Emilio narraba cuentos infantiles, aderezados de música clásica y canciones que yo nunca había escuchado.  Les estoy hablando de Radio Educación. Había, pues, descubierto una Radio Pública.


Ombligo A.M. AlegríaMágica
En 2002 tuve la oportunidad de tener un espacio en la Radio Pública de nuestro estado. Así nació Radiombligo, que comenzó transmitiendo Cuentos y cantos de todos los mundos para los niños de Chiapas. Desde el fantástico Cerro del Rebote lanzábamos nuestras emisiones que agarraban trampolín en la estaciones del Sistema Chiapaneco de Radio y de ahí salían disparadas hacia todos los rumbos. ¡Qué fiesta, gobernador!
Y el auditorio resultó tan inteligente, sensible y exigente que nos hizo trabajar durísimo. No nos permitimos la improvisación ni la palabra ligera. Luchamos por ser auténticos y enriquecimos nuestras narraciones fantásticas con paisajes sonoros, anuncios insólitos, campañas ambientalistas y de salud, cuentos escritos por los niños y de los libros de la Primaria, música que el público nos enviaba de diversos países… ¡una locura!
Seguro se lo han dicho, gobernador, este público nos hizo ganar muchos premios, toditos internacionales.  ¡Hasta a la Casa Blanca fuimos a parar, con el rostro muy en alto… por la tremenda estatura de la señora Obama!

10 años con vos
En 2012 Radiombligo cumplió diez años con voz. Celebramos en grande, llevando a los niños de Chiapas espectáculos gratuitos de Música, Cuenta Cuentos y Teatro.  Se habría usted gozado como muchachito en cada uno, con teatro a reventar y la alegría desbordada en cada evento. Y fue también en 2012 que iniciamos un proyecto maravilloso: El Cine de Arte para niños. Fue Charles Chaplin el que puso la primera piedra. Antes de un mes ya teníamos la sala llena, sin palomitas ni refrescos ni dulces ni hamburguesas: los niños iba a ver cine, a disfrutar el arte cinematográfico. 
Este proyecto, Cine de Arte para niños, con Radiombligo como vocero, con la Escuela de Cine de la Universidad Descartes y el CONECULTA como impulsores y estrategas, hará de nuestros niños, estoy seguro, los más conocedores del Séptimo Arteen la República.  Y el arte es al espíritu como las verduras y las frutas son al cuerpo…
Lo que le cuento comenzó cuando yo era niño gracias a las Radios Públicas extranjeras y a Radio Educación y Radio UNAM.

¡Cataplaz y vas patrás!
Pero sucedió que Radiombligo salió del aire. Nos cortaron con su llegada.  Comprendo la urgencia, el plan de austeridad, pero no que los niños sean afectados.  ¡Es su programa, el que esperan cada mañana antes de ir a la escuela! Los niños de Chiapas van a clases con las orejas llenas de cuentos y canciones.
No sólo le pido, gobernador, que de instrucciones para que Radiombligo vuelva al cuadrante. También solicito un espacio más amplio para nosotros, porque son muchísimas las necesidades de la audiencia y poco el tiempo para cubrirlas. Quieren escuchar este cuento, aquellas  canciones, que leamos su carta, felicitar a su abuelita. Espacio para los especialistas en Salud, los que nos hablan del amor a los animales y a la naturaleza; los que promueven Cursos de Pintura y Danza y Teatro y  Cuento y etcétera de cosas.


La gran radio de Chiapas
Créame, le que pido es bueno para usted. Es la gran oportunidad también para hacer de la Radio de Chiapas una Radio Pública a la altura de una audiencia preparada para grandes cosas.  Es la realidad que yo he vivido en diez años de arduo y feliz trabajo.
Como decimos en Radiombligo, estaré tímpano atento a su respuesta.

Noche del 14 de enero de 2013, con la risa de la luna a punto de ponerse en
Tuxtla de los Conejos.


Raymundo Zenteno

jueves, 3 de enero de 2013

Tatuaje


Cuando su prometido regresó del mar, se casaron. En su viaje a las islas orientales, el marido había aprendido con esmero el arte del tatuaje. La noche misma de la boda, y ante el asombro de su amada, puso en práctica sus habilidades: armado de agujas, tinta china y colorantes vegetales dibujó en el vientre de la mujer un hermoso, enigmático y afilado puñal.

La felicidad de la pareja fue intensa y, como ocurre en estos casos, breve. En el cuerpo del hombre revivió alguna extraña enfermedad [...] y una tarde [...] emprendió el ansiado viaje a la eternidad [...]
El dolor de la mujer fue intenso y, también, breve. El otro, hombre de tierra firme, comenzó a rondarla. Ella, al principio esquiva y recatada, fue cediendo terreno. Concertaron una cita. La noche convenida ella lo aguardó desnuda en la penumbra del cuarto. Y en el fragor del combate, el amante, recio e impetuoso, se le quedó muerto encima, atravesado por el puñal.

Ednodio Quintero

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Chambelán


http://foros.eluniversal.com.mx

García, ¿por qué insistes en ser jugador de fútbol? Nunca sales de la banca, y para colmo, Portero… Imagino debes ser bueno para algo, ¿o no?... En lo que piensas, te cuento de volada. Hace años estuvo en el equipo un compa que era buenísimo para contar chistes, y el entrenador le recomendó se dedicara a eso… ¿Si triunfó? Nel, un señor le metió un balazo en el pecho, porque no le gustó un chiste sobre narcos. Otro caso es el Gela, otrora volante por izquierda y ahora magnate de los churros y plátanos fritos. También está el caso del Turco, quien del fucho saltó a Holywood, en la película del Mel Gibson… ¡Neta, García!... ¿No has visto la peli? Uta mano, te la presto, pero con “ve” de vuelta, porque tiene el autógrafo del turquito… ¿de qué actúa?, de prisionero… bueno, la neta ni habla el wey, pero se ve un auténtico Maya… ¿Mexica? Es lo mismo… ¿No?… ¿Maya y Mexica no son lo mismo?... ¿Y los Aztecas?... ¡Chale! ¡Yo los veo igual!... ¿Para qué soy bueno, García? Uta, mano, ¿te parece poco mi racha goleadora?... reconozco que no fui buen estudiante, pero fue porque me entrenaba en la escuela de la vida. ¿Y tú para qué eres bueno?... ¿Chambelán? ¡Comé tu caca, García!, si estás bien pinche feo… ¿te siguen buscando para eso? Uta, pos sí que está en crisis la “chambelaniada”, jajaja… no, García, no me río de ti, la neta… ¿Te confieso algo? Yo siempre quise ser chambelán, pero nunca me invitaron. Veía como mis compas eran llamados para chambelanes y yo ni madres. Los acompañaba a los ensayos, con la esperanza de que alguien se arrepintiera y entrarle al quite, pero me pasó lo mismo que a vos, calenté la banca y nunca debuté como chambelán. ¡Aún me sé el Vals de Aida!… Derecho, García, te envidio… ¿Si quiero ser chambelán en tu lugar? ¡Comé tu caca, García!... No, en primera, porque no arriesgaría mi prestigio de goleador; y en segunda, porque sería como refundirte en la banca de los chambelanes, así que mejor te pones a correr, cabrón, que estás bien pinche gordo… Chambelán yo… comé tu caca.