20090128

Red de mentiras

Después de cenar me dispuse a ver una película en la televisión nueva de mi hermana. El famoso agente británico realizaba cabriola y media perseguido por vehículos repletos de hombres con metralletas y bazucas. Mis párpados se cerraron sin poder evitarlo. Segundos después algo derribó mi puerta con un golpe terrible. Corrí al patio, salté la barda y subí a una moto con rumbo al estadio Zoque. Una camioneta intentó detenerme a bazucazos, pero logré huir en medio de explosiones espectaculares.

En el estadio me esperaban un helicóptero y un hombre alto, entrecano, quien me entregó una maleta, gritando, ¡nos vamos a Canadá! Pensé en lo absurdo del hecho, sin embargo acepté mi destino. Llegando al aeropuerto, transbordamos a un Jet color negro, el cual despegó de inmediato. Ocupé uno de los lujosos asientos. Sólo viajábamos el hombre entrecano, pilotos y una azafata, quien sirvió un par de copas. Mi curiosidad hizo que abriera la maleta, hallando pasaportes, euros, pistola y un celular, con un mensaje en buzón: Bond, debes eliminar al hombre entrecano, es un doble agente. Toma el control del Jet y vuela a Berlín. Sujeté la pistola y, por aquello de las malditas dudas, liquidé a todos.

Aterricé en Tegel, vestido de frac y con boletos para la ópera en el Korzenthaus. Un segundo mensaje: Bond, Ravinovich nos ha traicionado. La mercancía llegará por barco a Tokio. Debes interceptarla. Luego una llamada, era Ravinovich, quien prometía rebanarme la yugular. Enchilado, azoté el teléfono contra el suelo, a mi ningún pendejo iba a amenazarme. A lo lejos oí la voz de mi hermana, ¡cabrón, despierta! ¡Ya chingaste el control remoto! Si serás... Mejor vete. Me levanté empapado de sudor, encabronado, pensando únicamente en Bond y su maldita red de mentiras.

20090125

Marilú

¿Cuándo supe que era diferente? Desde que tengo uso de razón. Me encabronaba que me llamaran Valentín. Una tarde decidí mostrarme como era. Al cumplir doce años comencé a llegar toda pintadota a mi casa. Ahora me llamo Marilú. ¿Discriminación? ¡Ay, mi prenda! En mi época ni sabía qué era esa palabra, lo único que sabía era de burlas. Si eso es... Discremanin... la chingadera esa, pues entonces sí, aunque la verdad siempre se me ha resbalado lo que digan de mí. Soy comerciante, es lo que me da de comer. Mi madre siempre supo lo que era yo, y lo aceptó, pero a mi padre le fue más difícil, lloró todo un día y al siguiente me abrazó. Me aceptaron porque soy su sangre. Tengo dos hermanas menores, casadas y felices. Sus hijos me dicen Tía Mayú. ¡Soy requetealcahueta con ellos!

Siempre me he dado mi lugar. En la primaria, si alguien me llenaba el buche, le partía su madre; me tenían miedo. Cuando cumplí quince años, en lugar de vals y chambelanes, me fui a celebrar bailando en un centro nocturno como vedette. En ese entonces no existía eso de ser teibolera. Ahí me enamoré de un hombre que luego de dos años me abandonó. Caí en una depresión tremenda, tomaba mucho y me descuidé. Mis amigas me sacaron de la depre ¡Quedé gordísima! Luego me propusieron imitar a Paquita la del Barrio. ¡Fuí un éxito bárbaro!

¿Mi ideal de hombre? Pues que sea más alto que yo, para que me defienda, pero que no sea rancherote... lo prefiero metrosexual. Es feo enamorarse, porque alguien siempre sale perdiendo. Tengo 51 años y me siento plena. Nunca me arrepentiré de ser lo que soy... Ahora estoy lista para amar de nuevo.

20090121

Ser o no ser

Fue una grata sorpresa hallar a un entrañable amigo en una cafetería del centro de la ciudad. Fuimos compañeros de universidad, después cada uno hizo con su vida lo que pudo, por así decirlo. Nos abrazamos, efusivos. Doce años sin vernos y ahí estábamos, actualizando nuestros datos. Abrí mi mochila para sacar la agenda y hacer lo propio. ¿Esa es tu agenda?, preguntó extrañado. Yo uso mi teléfono, pero no creas que es un aparato convencional, tiene radio, grabadora, conexión a Internet, editor de foto, video, GPS y almacena más de cuatro mil canciones. Sin este artilugio no soy nadie. Me acercó el prodigioso aparato, dime tu dirección y número telefónico. Dudé un momento y luego hablé. Al terminar el intercambio se despidió, debía tomar un vuelo hacia el norte del país. Me llamas, cabrón, ya sabes dónde encontrarme. Pedí otro café.

Un par de días antes, otro amigo me había dicho con gran alivio, ya no uso celular, he terminado mi relación con Telmex. Además, hace mucho que no reviso mi correo electrónico. Ahora utilizo el correo convencional. Me mandaron una carta y fotos de Montevideo. No sabes la emoción que me dio ver de nuevo a un cartero tocar a mi puerta. He vuelto al mundo real. Ahora quien me busque puede hallarme en el trabajo o en casa; o en una cafetería, agregó entre risas. Estoy vendiendo mi automóvil, ¿no te interesa? He notado que a más de uno le molesta buscarme. No pretendo cambiar el mundo, sólo busco desaprender para aprender de nuevo a ser yo.

El timbre de mi viejo celular me trajo de vuelta a la cafetería. Era el amigo del prodigioso aparato, avisando de que había olvidado pagar la cuenta, que lo cubriera y él invitaría en otra ocasión.

20090118

La muerte tan temida

En contadas ocasiones voy a fiestas, y no por huraño ni por mamón, sino porque las charlas terminan siempre en el pozo de las desgracias: Murió fulanito o fulanita; sufrió mucho… Sutano mató a golpes a mengana… Por vicioso está en la ruina… El hijo de perengano tiene una enfermedad incurable… Se ahorcó porque debía mucho, etcétera. Sin embargo, en una de esas contadas ocasiones, salió a relucir esta historia.

Un hombre de edad madura es diagnosticado con gangrena en la pierna izquierda. Ante los resultados el médico es contundente: Hay que amputar. El hombre de edad madura se resigna. Programan la cirugía y de inmediato es llevado al quirófano. Otro médico realizará la operación. Llega con retraso, se disculpa, ve las indicaciones y procede… amputando la pierna derecha. ¡La derecha! Cuando el hombre de edad madura recupera la conciencia se da cuenta del terrible error. Angustia y rabia lo invaden. La lengua le pesa más que nunca. Entre el personal del Seguro Social hay silencio. El médico responsable huye sin que nadie lo detenga. La familia exige cárcel y una segunda intervención, para que el hombre de edad madura salve la vida. Y acá la ironía, el extraño sortilegio; lo impensable. Un segundo diagnóstico revela que la pierna gangrenada puede salvarse sin necesidad de cirugía. Así sucede.

Las preguntas se hacen obligadas: ¿Una pierna con gangrena no se distingue de una sana? ¿Cuál es la izquierda y la derecha en medicina? ¿Las enfermeras para qué están? ¿Cuántos casos así existen en un Seguro Social? ¿Por qué los doctores, donde no sanan, cortan? ¿Y la pierna amputada? Bien lo decía mi madre: Pa’ pendejo no se estudia.

20090111

Los cuadernos de Ludwig

Al día siguiente del multitudinario entierro, Karl, el único heredero, recoge las pertenencias del genio de Bonn. En la mesa de trabajo encuentra el Testamento de Heiligenstadt, donde revela a sus hermanos el porqué de su profunda amargura. Bajo un tintero, entre partituras inconclusas, halla también un par de cuadernos con la menuda caligrafía de Ludwig. Cuadernos que sirvieron para comunicarse cuando su sordera fue mayor. Entre los manuscritos –hoy día considerados por agudos especialistas como apócrifos- se halla presente una frase; una constante: mi ángel. Esto aparece en breves epístolas donde le confiesa a ese ángel su sentir sobre diversos tópicos, los cuales abre con un: a mi amada inmortalmi todomi yo


…Mi novena sinfonía la compuse usando por metrónomo los latidos de mi corazón: Pom póm, pom póm, pom póm, pom póm; latidos que mi sordera no puede acallar si pienso en usted… No niego a usted la humillación que experimento cuando alguien a mi lado oye desde lejos una flauta mientras yo, por el contrario, no puedo oír nada. Tal situación me ha llevado al borde de la desesperación –y perdóneme la debilidad- al borde del suicidio. Sólo la fuerza del arte y, por supuesto, su nobilísima persona, me detienen… Nunca busqué ser un niño prodigio, jamás fue mi sueño, sino el de otros; basta con Mozart… Cuando en mi pecho estalla el gozo, nace una sinfonía.

Karl guarda con esmerado afán las pertenencias de su tío. Muchos años después no sólo se conocerán estos escritos, publicarán tórridas epístolas –calificadas como apócrifas- Pasiones que sólo él, Ludwig Van Beethoven, provocará al asistir al palpitante asombro de sus muchos nacimientos: Pom póm, pom póm, pom póm, pom póm.

20090107

Hipoalergénico

En octubre de 2007 visité un lugar de nombre Playa Linda, en la ciudad de Tapachula. Una asociación civil preparó un convite a la orilla del mar. El desayuno prometía ser el pretexto para reiniciar la borrachera del día anterior. El buffete: camarón en todas sus versiones, pescado frito y ceviche. Me decidí por lo último, y una cerveza bien fría. Llené mi plato. Una compañera, que comía quesadillas y café de olla, me preguntó: ¿Eres alérgico a algo? Me quedé en silencio. Ella agregó, yo soy alérgica a los mariscos. Un segundo comensal se sumó a la charla, yo soy alérgico al Sol, ¡Carajo! ¿Es que acaso existe algo así?. Preparé otra tostada con ceviche. El tercer convidado, con vos tímida, agregó, yo soy alérgico a la primavera. Ahí dejé de masticar. Di una última mirada al resto del ceviche, y al levantar mi cerveza, vi a los tres compañeros con rostros incrédulos, preguntando: ¿De verdad no tienes alergias? Huí de la mesa, cerveza en mano.


Llegando al hotel, busqué en internet información sobre alergias. Hallé las comunes: ácaros, polen, polvo y abejas, hasta insólitas: caspa, besos, esperma, refrescos de cola o cucarachas. Sí, cucarachas. El colmo es la alergia al baile o al ejercicio. Llegué a una conclusión: si era alérgico, era a no comer. Bajé al bar del hotel, decidido a curar mi única alergia con una charola de ostiones y cervezas.

Muchas horas después, una diarrea descomunal me plantó la madrugada entera sobre el inodoro, deshidratándome al ritmo de dolorosas contracciones abdominales. Recordé al Rayo Macoy, quien en un trance igual al mío, suplicaba por una transfusión de mierda. Es definitivo: soy alérgico a la diarrea.

20090104

El Planeta Azul, S.A de C.V. de R. I. ...

… fue llevada hasta usted por MadeInHeavenFilms®. Agradecemos a Dios®, por su destacada participación en el papel especial de Dios®, y la idea original de crear el cielo, el mar, la tierra, y a nuestros padres: Adán® y Eva®. Gracias también a Jesucristo®, hijo de David® e hijo de Abraham®,quien fue padre de Isaac, y éste de Jacob, quien a su vez fue padre de Judá y sus hermanos. De la unión de Judá y Tamar nacieron Farés y Zera. Farés fue padre de Serón, y Serón de Aram. Éste a su vez fue padre de Aminadab, padre de Naasón, y éste de Salmón, quien se unió a Rahab, naciendo Booz, padre de Obed y Rut su madre. Obed fue padre de Jesé, al que se le agradece haber sido padre del mundialmente coreado Rey David®.

David® fue padre de Salomón® y su madre la que había sido esposa de Urías. Salomón® fue padre de Roboam, que fue padre de Abías. Luego vienen los reyes Asá, Josafat, Joram, Ocías, Joatán, Ajaz, Exequias, Manasés, Amón y Josías. Josías fue padre de Jeconías y de sus hermanos, en tiempos de la deportación a Babilonia®. Después de la deportación a Babilonia®, Jeconías fue padre de Salatiel y éste de Zorobabel, padre de Abiud. Abiud de Eleacim, y Eleacim de Azor. Azor de Zadoc. Zadoc de Aquím y éste de Eliud. Eliud fue padre de Eleazar, Eleazar de Matán y éste de Jacob. Jacob fue padre de José®, esposo de María®, de la que nació Jesús®, llamado Cristo®.

Gracias a éstas inaugurales 42 generaciones, y las que acontecieron luego, que han poblado y arruinado con admirable disciplina al planeta. Por último, hacemos una mención especial a la primerísima actriz: La Muerte®, por el simple hecho de existir. A todos y cada uno gracias… por los siglos de los siglos.