Voalá!

miércoles 1 de junio de 2011

Hermano Lobo


Una buena acción es aquella que en sí tiene bondad
y que exige fuerza para realizarla.
(Montesquieu)


Un día el lobo se dio cuenta de que los hombres lo creían malo.

- Es horrible lo que piensan y escriben -exclamó.

- No todos -dijo un ermitaño desde la entrada de su cueva, y repitió las parábolas que inspiró San Francisco. El lobo estuvo triste un momento, quiso comprender.

- ¿Dónde está ese santo?

- En el cielo.

- ¡En el cielo hay lobos?

El ermitaño no pudo contestar.

- ¿Y tú que haces? Preguntó el lobo intrigado por la figura escuálida, los ojos ardidos, los andrajos del ermitaño en su duro aislamiento. El ermitaño explicó todo lo que el lobo deseaba.

- Y cuando mueras ¿irás al cielo? -preguntó el lobo conmovido, alegre de ir entendiendo el bien y el mal.

- Hago por merecer el cielo -dijo apaciblemente el ermitaño.

-Si fueras mártir, ¿irías al cielo?

- En el cielo están todos los mártires.

El lobo se le quedó mirando, húmedos los ojos, casi humanos. Recordó entonces sus madíbulas, sus garras, sus colmillos poderosos, y de unos saltos devoró al ermitaño. Al terminar se tendió en la entrada de la cueva, miró al cielo limpiamente y se sintió bueno por primera vez.

Manuel Mejía Vallejo
(Cuentos breves latinoamericanos)